Donación A Escribir Desde El Alma

Walt Whitman, el poeta de la conexión


Estimados. Si algún poeta hay en esta tierra que haya conseguido cohesionar y reconectar  a las personas consigo mismas, a las naciones, la Naturaleza, el Universo, el alma…, ese poeta se llama Walt, hombre blanco(si se me permite el juego), puro canto. Como muestra estos tres poemas del Canto a mi mismo:
Poema 26 de canto a mi mismo:
 Ahora yo no haré más que escuchar,
A fin de insertar en mi canto aquello que escuche, para
permitirles a los puros su contribución.
Escucho el cantar sonoro de los pájaros, el murmullo del
trigal creciendo, el parloteo de las llamas, el crepitar
de las astillas en la fogata donde preparo mis alimentos;
Escucho ese son que tanto amo, el sonido de la voz humana;
Escucho todos los sones que juntos corren, combinados,
confundidos, fundidos, persiguiéndose;
Sones de la ciudad y sones de extramuros, sones del día y
de la noche;
Los mancebos que conversan con aquellos que los aman, la
bulliciosa risa de los jornaleros durante su yantar;
Los bajos coléricos de la amistad en fuga, los débiles quejidos
de los enfermos;
El juez con sus manos cruzadas, sobre el estrado, y sus pálidos
labios pronunciando una pena de muerte;
El parloteo de los estibadores que vuelcan la carga sobre
los muelles, el estribillo de los marineros que levan el
ancla;
El tañido de las campanas de alarma, el grito de “¡fuego!”,
el rodar de las bombas de incendio pasando a toda
velocidad y los carros conduciendo las lanzas con sus
premonitorios tintineos y sus luces de colores;
El silbato de la locomotora, el sólido rodar del tren arrastrando
sus vagones;
La marcha lenta, ejecutada por la banda, al frente de la
columna de hombres avanzando de a dos en fondo,
(Y que acuden para velar a un cadáver, con las moharras
enlutadas por negro crespón).
Escucho el violoncelo (que es como el lamento sentimental
de un mancebo);
Escucho el cornetín de pistones, que penetra rápidamente
en mis oídos,
Suscitando tiernas emociones en mis entrañas y en mi
pecho.
Escucho el coro, que es el de una gran ópera;
¡Ah! Esta sí que es música verdadera- he aquí la que me
satisface.
Un tenor, grande y fresco, como la creación, me colma;
La flexible curva de sus labios se expande y me llena hasta
el borde.
Escucho a la soprano ejercitándose (¿qué es mi trabajo
comparado con el suyo?);
La orquesta me hace girar dentro de una órbita más amplia
que la de Urano;
Me arranca ardores que hasta ahora yo ignoraba poseer;
Me transporta cual un navío, y yo, descalzo, chapoteo las
olas que indolentes besan mis pies;
Una granizada violenta y colérica me envuelve, y pierdo
mi aliento,
Sumido en el sueño de una morfina que es dulce como la
miel, mi garganta se sofoca en agonías mortales;
Y por fin vuelvo a incorporarme y percibo el enigma de los
enigmas,
Y esto es lo que llamamos Ser.
Poema 24 de Canto a mi mismo
24
¡Walt Whitman, yo soy un cosmos, un hijo del pujante
Manhattant!
Turbulento, corpóreo y sensual, glotón, bebedor y procreador;
Nada sentimental, ni por encima de los hombres y las
mujeres, ni de ellos apartado;
No más modesto que inmodesto.
¡ Quitad las cerraduras de las puertas!
¡ Quitad las puertas mismas de sus quicios!
El que el que a otro degrada, a mí me degrada;
Y todo cuanto se hace o se dice, al final, hacia mí vuelve.
A través de mi inspiración crece y se acrecienta, a través
de mí pasa la eléctrica corriente y se mueve la aguja
indicadora.
Yo prefiero la pretérita palabra original, entrego el signo
de la democracia;
¡Por Dios! No aceptaré nada que los otros no puedan
obtener en los mismos términos.
A través de mí resuenan las infinitas voces largo tiempo
enmudecidas;
Voces de interminables generaciones de prisioneros y de
esclavos;
Voces de prostitutas, y de seres deformes;
Voces de enfermos y desesperados, de ladrones y abortos;
Voces de siglos de preparación y acrecentamiento.
Y de los vínculos que ligan a las estrellas, y de las matrices
maternas y de la savia paterna,
Y de los derechos de aquellos a los que los otros pisotean;
De los deformados, triviales, negados, tontos, despreciados,
Vaho en el aire, escarabajos haciendo rodar sus bolas de
excremento.
A través de mí las proscriptas voces;
Voces de los sexos y de las concupiscencias, veladas voces
cuyos velos yo aparto;
Voces indecentes, por mis clarificadas y transfiguradas.
Yo no poso los dedos sobre mi boca;
Yo trato con la misma delicadeza tanto a las entrañas
como a la cabeza y el corazón;
La cópula para mí no es más fétida que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos;
Ver, escuchar, tocar, son milagros, y cada parte y cada
apéndice de mi cuerpo también es un milagro.
Divino soy interior y exteriormente, y santifico todo cuanto
toco o a mí me toca;
El olor de mis axilas es un aroma tan exquisito como la
plegaria;
Esta cabeza mía vale más que templos, biblias y que todas
las creencias.
Si rindo culto a una cosa más que a otra, entiendo que es
a la integridad de mi cuerpo, o a una cualquiera de
mis partes.
¡Traslúcida forma mía! ¡Eso serás!
Sombríos ímpetus y pausas, ¡eso serás!
Rígida cuchilla masculina, ¡eso serás!
Todo cuanto puede valorarse, ¡eso serás!
¡Tú, riqueza de mi sangre, lechoso licor, pálido extracto
de mi vida!
Pecho que se estrecha contra otros pechos, ¡eso serás!
Mi cerebro, ¡eso serán tus ocultas circunvoluciones!
Raíz bañada por el iris del agua, temerosa codorniz, nidal
de los dobles huevos custodiados, ¡eso serás!
Enmarañado y crespo heno de la cabeza, barbas y muslos,
¡eso serás!
Savia goteando del arce, filamento del trigo viril, ¡eso serás!
Sol generoso, ¡eso serás!
Vapores iluminando y ensombreciendo mi rostro, ¡eso
serás!
Vosotros arroyuelo y rocío de sudor, ¡eso serás!
Vientos cuyos genitales dulcemente juguetones, contra mí
se frotan, ¡eso serás!
Amplios espacios musculares, ramas vivas del roble, vagabundeo
lleno de amor sobre mis sinuosos senderos,
¡eso serás!
Manos que he recogido, rostro que he besado, mortal que
una vez toqué, ¡eso serás!
Estoy enloquecido de mí mismo. ¡Hay tantas cosas en mí
y todo es tan delicioso!
Cada instante y todo cuanto acontece me estremece de
regocijo.
¡Oh! ¡Soy maravilloso!
No puedo decir cómo se doblan mis tobillos, ni de dónde
proviene mi más insignificante deseo,
Ni la causa de la amistad que de mí emana, ni la causa
de la amistad que a mi vez, recojo.
Cuando llego hasta mi portal, me detengo para considerar
si esto puede ser una realidad;
Un dondiego matinal, en mi ventana, me satisface más que
toda la metafísíca que traen los libros.
¡Contemplar la aurora!
La débil claridad ahuyenta las diáfanas e inmensas sombras;
El sabor del aire es grato a mi paladar.
Impulsos del mundo en marcha, ingenuos escarceos, silencioso
brotar, fresca exudación.
Evasivas fugas hacia arriba y hacia abajo.
Algo que no logro distinguir yergue libidinosos dardos;
Oleadas resplandecientes de jugo inundan los cielos.
La tierra sostenida por el cielo, cotidiano término de su
conjunción;
El desafío, desde Oriente, se levanta en ese instante sobre
mi cabeza;
Y el sarcasmo burlón: ¡Mira si te conviertes en el amo de
todo esto!

Poema 21 de canto a mi mismo
21
Yo soy el poeta del Cuerpo;
Yo soy el poeta del Alma.
Los placeres celestiales están conmigo y los tormentos infernales
también están en mí;
Los primeros, yo los injerto y los hago crecer en mí mismo
- y los segundos los traduzco a una nueva lengua.
Yo soy el poeta de la mujer así como el del hombre;
Y digo que es tan grande ser una mujer como ser un
hombre;
Y digo que no hay nada tan grande; como ser madre de
hombres.
Yo canto la canción de la expansión y del orgullo;
Nos hemos humillado y hemos impetrado bastante por
culpa de ellos;
Y declaro que el tamaño sólo es desarrollo.
¿Has sobrepasado al resto? ¿Eres el Presidente?
Es una bagatela- todos pueden llegar hasta allí, cualquiera
puede lograrlo.
Yo soy el que camina con la tierna y fecunda noche;
Invoco a la tierra y al mar, semiocultos por la noche.
Estréchame contra tu desnudo seno, ¡oh, noche!- ¡Estréchame,
noche magnética y sustentadora!
¡Noche de los vientos sureños! ¡Noche de las grandes
y raras estrellas!
¡Apacible y adormecida noche! ¡Enloquecida, desnuda
noche estival!
Sonríe, ¡oh tierra voluptuosa, con tu fresco aliento!
¡Tierra de los soñolientos y fluidos árboles!
¡Tierra de los moribundos crepúsculos- tierra de las montañas
con sus cumbres hundidas en la bruma!
¡Cristalina tierra bañada por la luna llena con su claridad
lechosa y azulada!
¡Tierra de las luces y sombras moteando la superficie del
río!
¡Tierra del límpido gris de las nubes, más límpidas y más
claras para regocijo mío!
¡Tierra de los lejanos y profundos barrancos!
¡Tierra colmada de manzanas en flor!
¡Sonríe, porque aquí está tu amante!
¡Pródiga, tú me has dado amor! ¡Por lo mismo, yo te doy
amor!
¡Oh, indecible y apasionado amor!

Miguel Ángel Cervantes Almodóvar
Miguel Ángel Cervantes Almodóvar

Poeta y mentor de personas creativas bloqueadas y escritores

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