Donación A Escribir Desde El Alma

Poemas de “Antología Poética”(Linteo Poesía), John Clare

Ha llegado a mis manos la antología de este poeta británico de finales del siglo XVIII, traducido por Eduardo Sánchez Fernández para la editorial LINTEO POESÍA.
Aunque le podemos considerar un poeta de la naturaleza, del campo, que comparte unas emociones y vivencias muy cercanas, yo me he quedado con estos poemas que incorporo a la poesía reconectiva. En el cuarto apunte, en la “Cuerda pensamiento” de este blog, hablo de la conexión con la naturaleza. John Clare encontraba paz en el contacto con la Naturaleza y eso nos lo hace llegar de forma magistral.
SONETO
Los poemas aman la naturaleza y ellos mismos son amor,
desprecio de los tontos y burla del orgullo vano.
Los viles por naturaleza aprueban hechos despreciables,
cortejan lo vil y repudian lo bueno circundante.
Los poetas aman la naturaleza como la tranquilidad del cielo,
los dones de ella, como el amor celestial, se esparcen por doquier,
en ninguna de sus obras hay signos de levadura,
la pena se avergüenza de su orgullo fácil,
sus flores, como los placeres, tienen su nacimiento estacional
y florecen en terrenos de aquí abajo;
ellas son sus propias escrituras sobre la tierra
y nos enseñan la inocente alegría allá donde vamos.
Incluso en prisión ellas pueden consolarme
Porque donde florecen allí está Dios, y soy libre.


POESÍA
Oh, Poesía, alivio del alma,
llevo largo tiempo siendo tu amante;
aunque no fueras tú quien inspiró mis versos
te sigo debiendo mucho:
y todavía siento el bálsamo alegre,
suministrado por tus sonrisas celestiales,
que serena mi pecho agitado
cuando las tormentas de la vida arrecian.

Oh, en ese romance dulce de la vida
te amé cuando aún era muchacho
y siempre sentí que tu esfuerzo amable
despertaba en mí todos los pequeños gozos:
toda canción anónima era atribuida a ti,
Poesía, sanadora del alma;
y cuanto más ardorosas y fuertes eran mis esperanzas
más fuerte era mi amor por ti.

Tú y la naturaleza, sonrientes,
pusisteis toscas guirnaldas alrededor de mi frente,
aquellos sueños que, de niño, me agradaban,
esas esperanzas que ahora me estimulan.
Cada año volvía con flores más brillantes,
con visiones alegres que seguían el baile,
y, al verlo, mi corazón ardía
y del fuego brotaba una canción.

Las primaveras no llegaban cada año
para los ojos ruines y vulgares,
con una flor aquí y allá,
árboles verdes y cielos más brillantes:
tus fantasías iluminaban mi vista de niño
y doraban mis horas más tempraneras;
la primavera venía envuelta en la luz de la belleza,
un ángel que dejaba caer flores.

Oh, Poesía, alivio del alma,
llevo largo tiempo siendo tu amante,
y, embrujado por el éxtasis, recité para ti
cada uno de mis sencillos poemas
sobre flores y cosas que te reclamaban
una parte igual en la vida,
y me susurraban suavemente sus cuentos
de placer o sufrimiento.

Contigo todos representamos el mandato de la vida
y sentimos su gozo y su dolor;
las flores se asustan, como yo, de la tormenta destructora
y esperan que salga nuevamente el sol:
la hierba joven, la flor, la hoja,
parecen ser compañeras
que cuentan sus historias de gozo y de dolor
y piensan y sienten lo mismo que yo.

Un espíritu habla a través del viento
y dota de alas a la tormenta;
contigo toda la naturaleza piensa
y las piedras se tornan cosas vivas;
la hierba más simple que el verano da
le sonríe como una madre
y, en su corto día de vida,
tiene hermana, amiga y hermano.

Oh, Poesía, flor celestial,
aunque la mía pueda ser una hierba mala,
la vida siente una fuerza favorable
y, contigo, despierta su inspiración;
visten de hermosura a cada elemento,
mientras tu ardor apasionado aprecia
las cosas más insignificantes de la vida.

El agua, la tierra o el aire
son objetos agradables a tu vista;
todos viven y comparten sus gozosas sonrisas,
aumentando su deleite;
toda la naturaleza, en tu presencia, vive
con nuevas y creativas pretensiones,
y tu fantasía otorga vida a todo
lo que sólo eran sombras y nombres.

Aunque mis humildes poemas hayan recibido
alentadores elogios y el frío desdén,
no puedo evitar visitarte
ni tampoco dejar de conocerte;
aunque lo que yo ofrezca sean sólo malas hierbas,
oh, Poesía, alivio del alma,
ellas comparten las sonrisas soleadas de la primavera
y tú tampoco las desprecias. 


POESÍA PASTORAL
La poesía verdadera no está en las palabras
sino en las imágenes que expresan las ideas
y con las que los corazones más sencillos
alcanzan cotas sublimes de felicidad;

los propios libros serían inútiles
donde nadie tuviera el gusto ni la intención de leer,
como tierras desconocidas en que brota la belleza
y nadie está allí para contemplarla.;

mas la poesía es un lenguaje adecuado
y los campos se muestran al servicio de todos-
la flor silvestre a los pies del pastor
eleva su mirada y le llena de gozo-

un lenguaje que es siempre verde,
que reparte sensaciones para todos,
como las flores del espino al ser observadas
despiertan alegría en el corazón de cada uno.

Las imágenes que nuestras mentes veraniegas
encuentran en moradas del estío,
las fantasías que el pastor inventa
para endulzar sus ratos de ocio,

los canales que el vaquero abre con su dedo
en la ribera del río y hace que corra el polen,
crean un verano en nosotros-
y hacen lo que nosotros hacíamos antes-

una imagen se forma en la mente
donde la felicidad disfruta
de un fácil descuido del pensamiento
y obtiene sobreabundancia de gozos;

el mundo se reduce a aquel pequeño lugar
donde uno está –y todo lo demás
nada significa, todo cuanto la vida olvidó
parece hallar satisfacción en los sentimientos.

Y eso es poesía, su fuerza
puede que emplee luces variadas,
pero a todas las mentes otorga la dote
de un placer regenerador;

y sea páramo o sea colina,
a cualquier sitio donde voy, siento
un silencio que expresa más cosas
que ninguna lengua es capaz de expresar,

una quietud imperturbable ha convertido
en paz cada lugar
y los bosques descansan a la sombra
de su amistosa soledad.

La tormenta en la que el pastor se vuelve
para bajarse la visera,
mientras permanece en el brezal
que el otoño viste con colores pardos,

es música, sí, sobre todo
para los de mente reflexiva
que atraviesan los bosques dorados
escuchando el sonido del viento.

El poeta en su caprichoso regocijo,
y en los muchos humores de la imaginación,
la acoge como una inesperada melodía
y un poema de los bosques;

canta y silba en su mente
y después le habla en voz alta
mientras, reclinado sobre algún árbol caído,
él rehúye una nube que se acerca

para situar su masa frente al sol,
cual montaña de luz,
y no se fija en la ruidosa tormenta
sino que juguetea y se deleita con ella;

y cuando un arpa lanza por doquier
la música del viento,
el poeta oye siempre su sonido
si es belleza lo que colma su mente.

La mañana con franjas azafranadas y grises
o sonrojándose al mirar,
como los campos en verano cuando huyen
entre hierbas de color carmesí,

empaparán los corazones de pastores sencillos
con una poesía natural,
quienes, mientras miran, interiormente imaginan
cuán grande el cielo debe de ser.

A toda mente reflexiva ella roba
su atención al caminar,
lo más humilde que su corazón revela
pocas veces se desecha.

El anciano, con muchas horas de tiempo libre,
se sienta junto a la puerta, cortando
toscos palos de fantasía en colgar sus flores-
son palos, nada más

con muchos pasando por su puerta-
pero el placer posee su inclinación:
con él está la felicidad y, aún más,
la alegría de un corazón satisfecho.

Esos setos de boj se reparten
su fragancia junto a la puerta
han sido el consuelo de su corazón
más de sesenta años ya;

aquel musgoso tejado de paja sobre su cabeza,
en las erráticas lluvias del invierno,
sirvió para él y su vieja compañera
de música largo tiempo;

despertaba en sus corazones un gozo
que el bienestar humilde ofrecía:
un fuego pequeño donde secarse
y un cobijo en la parte alta de la casa.

En esas cosas, no importa cómo se llamen,
no son más
que el poder de la poesía que a todos regala
una bienaventuranza dichosa.

Por eso, quisiera utilizar mi mente
y grabar en mi propio corazón
que la esencia de la poesía es un gozo continuo,
sosegado y humilde;

por eso, desearía, por el gozo duradero
que a tales pensamientos pertenece,
poder emplear el mandato de mi tiempo
de un modo tan inofensivo como una canción.  


Miguel Ángel Cervantes Almodóvar
Miguel Ángel Cervantes Almodóvar

Poeta y mentor de personas creativas bloqueadas y escritores

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