Donación A Escribir Desde El Alma

Poesías de Erik Axel Karfeldt en torno a la Escritura

Pax.
Este Premio Nobel sueco de 1931 no ha llegado a mí por casualidad. He elegido unos poemas que nos pueden dar una visión nueva, o al menos distinta, de la escritura en el norte de Europa durante los 30 primeros años del siglo XX.
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De las Canciones de Fridolin y otros poemas escojo el poema:

CREADOR DE RIMAS
Y ahora, rudo herrero de la fragua de mi pensamiento,
blandea el mazo y muestra su fortaleza.
Sé bien que los enlaces se rompen en tu cadena,
pero también sé que hay un acero más grueso.
De la mina de mi tierra y con mi propio sudor
rompí yo mi hierro y preparé mi carbón,
agarré el mazo, firme, como antes la cintura de la doncella..
y el deseo destruyó la hoguera de mi fragua.

¡Qué dulcemente cantó el yunque en el nuevo atardecer,
en el atardecer en que se elevó el sol de mi juventud!
¡Cómo cundía el martilleo! De las mansiones y de las cabañas
las frescas voces jóvenes se unían a sus melodías.
Pero, oculto y solitario, junto a la tumba oscurecida,
se alzaba, cálido de pasión y salud, un aprendiz de herrero,
sonriente, turbado por las fogosas motas,
aunque muchas chispas le enrojecían afiladas, la piel.


De Vida y muerte escojo el poema:

SOY LA VOZ DE UNO QUE CANTA
Soy una voz que canta en amplias, despobladas llanuras,
donde no escucha oreja alguna, donde no hay tornavoces.
Soy una llama que se escapa sobre el mar de las noches negras,
un fuego antojadizo que se disipa enseguida en la oscuridad: junto a mi madre.

Soy una hoja vagabunda en un amplio espacio otoñal,
mi vida es un juego en el grupo de todos los vientos.
Si me paro sobre una montaña, si me asfixio en un agujero,
no lo sé, ni me importa, ni lo puedo evitar.

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De El paraíso de Fridolin y cuadros de Dalslandia en verso escojo el poema:

LOS CÁNTICOS SILENCIOSOS
Fue como la primavera reciente, fresca,
cuando la tierra está aún silenciosa,
incluso cuando el hombre intuye el espacio
templado ya de aliento de cánticos.
Y entonces era el sol orgulloso como un cisne primaveral
que canta por donde vuela,
y la luna un cuco soñador que reclinaba
a lo lejos bajo las estrellas emparentadas.

Nos encontramos, te vi, tu pecho, ascendiente
como una canción yámbica.
Tu boca callaba bajo su rosado sigilo,
pero tu mirada era elevado ditirambo.
Yo sé que todo su ser cantaba junto al mar
que se alza alrededor de la tierra,
en la sangre de las doncellas y en la savia de las ramas,
y de todo lo que es joven y latente.

Yo sé que nos sentamos a la misma mesa
que los soñadores, en su fiesta misteriosa,
donde todo lo que sabíamos se dijo sin palabras,
y así quedó totalmente hermoso y óptimo.
Pude haberte ofrecido una rosa a modo de suspiro
de mi deseo, notable y fecundo,
puede haber oído a las violetas entre las ramas de los robles
susurrar tu vergonzosa y leal respuesta.

Nos encontramos, nos alejamos, nos volvimos a encontrar
hasta el convite de los cánticos silenciosos,
nos alejamos para siempre y yo aún no sabía
que lo que habíamos tenido era lo que el mundo más desea.
Y aquello fue en los años tempranos de juventud,
cuando las almas se dicen la canción
que la vida cantará sin llegar nunca
a crear en voz, la canción que previno en otro tiempo.

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De Cuerno de otoñoescojo el poema:

ANTE LA PAZ
Habla la tierra: Casi estoy cansada de precipitarme
como una llama de lucha roja a través del espacio nocturno.
Esconde en nubes, luna, su funesta hacha,
enciéndete, sol, escondido en agobiantes vapores.

Himnos de cementerio, campanas de destruidas catedrales
cantan mi triste sendero a través de los páramos estelares.
Y, sin embargo, en mis valles viven dulces enanos,
que continúan construyendo casas para su propia paz.

Habla la luna: pesa mi brazo de tanta arma,
Dañado está mi pie de cascos y de púas.
Quiero regresar a mi hogar, salir de este engaño y jaula,
a mis bosques y viñedos brillantes de rocío.

Ante mí la misericordiosa hoz se convierte en hacha,
la maza de Caín prende en la leña del hogar.
Estoy fatigada de seguir falsos homenajes,
alza la señal de la reconciliación, tú, dorada paz.

Habla el corazón: aquí, en mi rincón, tú, recio
frío, mundo sonoro, encontraré la tranquilidad.
He almacenado semillas de llanuras secas,
granos adormecidos, que esperan florecer de nuevo.

Hasta que retumben los nuevos campos,
hablaré sin ruido como una música inaudible.
Coplas adormecedoras, llegadas de labios y cuerdas,
llevo yo a recientes generaciones a modo de sucesión.

La llama de la vida aletea entre vientos y peligros,
el aceite de la vida se vierte a caños.
Hasta que vuelva a triunfar la serenidad mantendré yo
mi sangre fresca e intacta y cálida.

Donde voy, vigilado, entre los hijos de la guerra,
sonreiré a los días de la borrasca y la cólera,
porque sé que la más alta oración de la tierra
no grita victoria, paz grita.


Miguel Ángel Cervantes Almodóvar
Miguel Ángel Cervantes Almodóvar

Poeta y mentor de personas creativas bloqueadas y escritores

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